BOTÁNICA SENTIMENTAL DE MERCEDES ARAUJO

Por Adolfo Ariza

Compré Botánica sentimental el año pasado después de escuchar una entrevista a la autora en La Conversación el buen programa de los sábados en Radio Nihuil.

Después me aboqué al tema de la publicación de mi libro Las poesías de mi vida y otros proyectos, entré en una época de poco tiempo para leer y la novela quedó en la pila de pendientes.

Ahora la terminé, y quiero hacer una entrada sobre esta singular, e interesante, novela.

Algunos datos sobre Mercedes Araujo.

Nació en Mendoza en 1972. Publicó la novela La hija de la cabra (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes) y los libros de poemas Así es el fuego, La isla y Viajar sola. Es profesora de Escritura Creativa en la Universidad Nacional de las Artes y de Política y Derecho Ambiental en la Universidad Nacional de San Antonio de Areco.

La autora en una entrevista dada a la Agencia Paco Urondo (https://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/mercedes-araujo-no-se-puede-ensenar-que-leer-y-como-leerlo-pero-si-leer-con-todos-los) dijo:

“Es una novela que la pensé hace muchos años, la idea que le dio origen fue trabajar con el terremoto de 1861 en Mendoza, porque estaba tratando de contar cómo se vive y se piensa en una ciudad que se funda sobre otra que se ha caído completamente, cómo funciona eso. A mí me gusta contar historias relacionadas al territorio entendido como paisaje, como ecosistema, entendiendo que la vida humana depende completamente como el resto de los animales de ese entorno.”

Me atraen mucho las novelas sobre Mendoza. Me acuerdo de Álamos talados de Abelardo Arias o la obra de Di Benedetto, o Draghi Lucero.

Encontrar la tierra donde nací, crecí y vivo, la tierra de mis padres, de mis hijos y mi bisnieta en las letras me provoca una emoción muy interna, tenue, pero esencial.

Y Botánica sentimental también lo provocó, quizás más acentuadamente, porque está escrita desde la vida de Mercedes, su autora –tan mendocina- y de sus personajes, sus mujeres que aparecen desde la historia de Mendoza, de sus terremotos desde aquel que la destruyó en 1861, de sus montañas, de su vino fermentado desde la uva y la sangre, desde siglos.

En una nota de Infobae (https://www.infobae.com/cultura/2022/08/09/botanica-sentimental-un-relato-entre-lo-mitico-y-lo-artificial/) dice Mercedes:

“Un terremoto como punto de partida de la fundación de una ciudad, una tierra que de tanto en tanto se sacude y destruye o puede destruir toda la construcción cultural y civilizatoria que se le pone encima. Los terremotos dejan marcas profundas no solamente materiales sino míticas. Para contar el sismo hay que contar la grieta, la tierra abierta. ¿Cómo se rompen los personajes en la ruptura del suelo que los alimenta y sostiene? En las grietas se evidencia el daño, pero también lo que sobrevive, entero o endeble.”

Leo esto, y siento que es así, que así es la vida de los mendocinos desde siempre, porque no es un fenómeno que ocurre y pasa: es la misma tierra, en la que vivimos, que sufre, se parte, y tiene que seguir viviendo, como nosotros, sobre ella, en sus grietas, en sus montes, sobrevivir, acomodarse, y seguir adelante.

Los mendocinos vivimos en oasis, en menos del 5% de la superficie total de Mendoza -y la autora lo menciona. El resto es desierto, y altas montañas.

Es un mundo duro, donde todo cuesta, como el agua que nos trae el deshielo. El sistema de irrigación para aprovechar el agua de los ríos fue comenzado por los huarpes, con técnicas originarias de los incas.

Terremotos, y agua, mirar para arriba para ver si va helar o granizar. Sí, una vida dura, fue mi vida, y la historia de los/las mendocinos/as.

Así describe Mercedes:

“Me interesa pensar en el territorio como un personaje más con sus características particulares de subjetividad. Es decir, las arboledas mendocinas, en los oasis que son apenas el tres por cierto de un territorio desértico, llevan siglos fabricando el oxígeno que permite respirar al resto de los seres que viven allí. Entonces, contar el paisaje implica que no es el árbol, sino el álamo, pero no el álamo, sino el carolino o el plateado, no es un frutal sino un tipo determinado de pomácea, pera o membrillo o frutales de carozo, durazno, damasco. Por otro lado, es un paisaje que a mí me parece fascinante, va desde la infinitud de la cordillera a la florcita silvestre, el pastito que se mueve, la fauna que lo habita, cada una de las especies de aves que surcan los cielos, el agua que es escasísima y define la producción y la riqueza. Incluso una vez logrado ese personaje, el paisaje, tampoco es un personaje más, es el que hace posible las otras vidas. Esas otras vidas, las humanas, las pienso como las del resto de seres vivos – fauna y flora- que existen de una manera determinada en ese ecosistema. Esa pretensión obliga a una demora, y quizás pueda armar el tono al que te referís, una mirada que desmenuza lo animal, vegetal y mineral y da cuenta del paisaje que habla y es hablado por las vidas que se transforman allí una y otra vez. O sea, oír, quedar a disposición del habla y la forma en que se enuncia ese ecosistema y de cómo se metamorfosea y destruye también.” (https://www.pagina12.com.ar/485555-entrevista-a-mercedes-araujo-por-su-ultimo-libro-botanica-se)

No es una novela larga, pero tuvo muchos años de elaboración; a partir de su interés por ese terremoto del siglo XIX.

Y desde allí surge esa historia de mujeres, desde María Villarreal, “-La primigenia, la que levanta La Silenciada.

-Claro. La que crea, la que levanta La Silenciada. Me dio mucha alegría escribir ese diario de la cocina. Me imagino con todas esas cositas. Ella sería como la heroína, para mí.”

(https://www.diariouno.com.ar/espectaculos/mercedes-araujo-revela-botanica-sentimental-su-magnifica-novela-mendoza-y-la-marca-mitica-del-terremoto-n1056324?fbclid=IwAR3K11xWRw1Pj_fwbPjb-NiDt9rSkL6ocAVtiblvuqpiuK4z1KnIDj8co8w)

En la entrevista de Página 12, dice:

“–Es cierto, el linaje femenino es la columna vertebral y la idea surgió por una necesidad tanto narrativa como personal. Desde el punto de vista narrativo, no se pueden contar doscientos años, hay que hacer un recorte. Entonces la primera decisión fue elegir a las mujeres para contar la historia y también la historia para contar a estas mujeres. Madres, hijas, abuelas, bisabuelas, conversan, se explican, se dejan legados y viven su época. Cada una de ellas actúa de acuerdo a sus creencias y sus acciones están naturalizadas dentro del territorio y el tiempo en el que existen.”

Son las mujeres que hemos visto en la cosecha, recuperando sus casas destruidas por los terremotos, cuidando familiares…  Nuestras madres, hijas, esposas.

Por eso, la lectura de la novela para un/a mendocino/a no es igual que con otros textos : se lee con el recuerdo, con el estómago, latiendo.

Es cierto que no puedo generalizar este sentimiento y visión personal, pero creo que, de alguna manera y grado, muchos /as lo sentiremos, y es lo que quiero rescatar para aconsejar su lectura.

Para los no menducos/as sería una manera muy esencial de conocer y comprender esta tierra seca y dura, pero feraz no solo en cultivos, sino en ideas, música, artistas, pensadores.

Estoy agregando muchas citas de la autora porque hablado mucho de la novela, lo cual es muy buen, pero dificulta hacer aportes originales. Sin embargo, me siento contento de que estoy produciendo, con la misma satisfacción que me produjo la lectura.

Un párrafo sobre cómo vive ella este “ecosistema” donde transcurre la novela, el que demuestra su modo de concebir ese espacio donde transcurre la narración, como “un personaje más.

Pero ese personaje es Perdriel, Mendoza, su tierra, con la que demuestra una consustanciación enorme como una más, o todas esas mujeres que aparecen en la obra.

“-Tu novela tiene plantas, desde la tapa. Tiene una historia familiar y regional, recetas de cocinas, etcétera. Y paisaje. Un paisaje muy lujanino, ¿no?

-Sí, lujanino. Bien de los oasis.

-¿Dónde ubicás La Silenciada, que es la finca que actúa como epicentro de la novela?

-En Perdriel la ubiqué.

-¿Pero te referenciaste en algún establecimiento en particular o te lo inventaste todo?

-No, no. Está en Perdriel porque ahí hay una calle, la calle Cobos, en donde quedan estas casonas, muy derruidas, pero muy impactantes también.

-Tu paisaje interior…

-Quedan, sí, en esa parte de Luján unos escenarios que es donde yo imaginé esa casa. La casa de esa antigüedad y esa tierra para esos viñedos. Por lo tanto, ese es el lugar físico, geográfico, en el que yo me inspiré.

-Diste en la clave porque la calle Cobos es como la vía central de los caminos del vino, según coinciden maestros como Walter Brescia. Es parte de la historia grande de Mendoza.

-Claro, igual que Cochabamba, que es donde está Brescia. Son estas dos calles, con unas arboledas cuyos árboles deben tener, como mínimo, unos doscientos años. Hay ahí algunas casas, medio abandonadas, palacetes hermosos.” (https://www.diariouno.com.ar/espectaculos/mercedes-araujo-revela-botanica-sentimental-su-magnifica-novela-mendoza-y-la-marca-mitica-del-terremoto-n1056324?fbclid=IwAR3K11xWRw1Pj_fwbPjb-NiDt9rSkL6ocAVtiblvuqpiuK4z1KnIDj8co8w)

La publicación ya citada de Infobae, producida por la misma Mercedes, culmina así:

“Las mujeres cuentan la historia, madres, hijas, abuelas, bisabuelas, conversan, se explican, se dejan legados de libertad. Un universo de mimetismos, metamorfosis y colaboraciones entre ellas y también en relación a su trabajo, amores, sueños, pesadillas, jardines, cocinas, sometimientos y libertades.

La novela la comencé a escribir hace varios años y la terminé en el año 2021 en pandemia, durante los años del encierro, en lo que volví a Mendoza. Fue en ese momento en el que algunos elementos de mi propio contexto se impusieron, por ejemplo, la obsesión por el cielo y la relación con las estrellas, la experiencia de la contemplación, la demora de los días, el aislamiento.”

Me pareció que era buena manera de cerrar la entrada porque estos párrafos presentan, por una parte, cómo y para qué la autora escribe esta historia de mujeres de Mendoza (quizás debería decir historia de Mendoza directamente), y, por otra, el momento en que la escribió que alguna vez deberíamos analizar más porque cambió nuestras vidas –aquí, y en el mundo-: la pandemia.

Buena lectura, lo es. Disfruten y vívanla, como yo.

Un abrazo mendocino.

BOTÁNICA SENTIMENTAL DE MERCEDES ARAUJO POR ADOLFO ARIZA
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